PASOS

El día 9 de septiembre se propuso un tweetdebate para la 3 sesión del #encirc14 donde se trataron temas relacionados y orientados con las necesidades culturales y la gestión de lo común. En él se plantearon por parte de ÁRTICA una serie de preguntas, que son las que utilizaré para estructurar mi reflexión al respecto:

¿Qué cosas deberían hacer los gobiernos para garantizar la cultura libre?

Escuche ayer “Si la Cultura se convierte en mercancía lo único que nos queda para defenderla es la gratuidad” me encantó @Naymew

Precisamente, considero que la reflexión que propone este tweet es en la que las políticas de gestión de la cultura por parte del gobierno deberían centrarse. Si los procesos culturales se valoran sólo por su potencial para generar “productos”, se le acaba dando un valor básicamente capital, ligándose directamente al circuito de mercado, en lugar de al de crecimiento educativo-artístico de una comunidad.

Otra parte importante para garantizar la cultura libre es tener en cuenta su difusión, pues la generación de cultura tiene sentido de cara a compartirlo con lxs ciudadanxs.

Por eso, otra de las cosas que se debería hacer desde el gobierno, sería diseñar una campaña de visibilización de las CC, a medio-largo plazo con una buena estrategia de comunicación que abarque también escuelas y otros medios de información. En este sentido, hacer los términos de la cultura libre más accesibles para todxs, sería vital (jugando un poco con la idea de “cultura libre para dummies“).

En términos más de derecho, habría que reformular la ley de propiedad intelectual incluyendo la protección y proliferación del dominio público.

Lo cierto es que toda investigación financiada con fondos públicos debería ir directo al dominio público 

¿Qué ejemplos de políticas públicas que promueven la cultura libre conocen?

Destacaría la Universidad Internacional de Andalucía (UNIA) tiene un planteamiento de promoción de la cultura libre muy interesante, tanto por su programación de talleres como de concursos y conciertos.

¿Cómo se contribuye a sustentar la cultura libre?

En mi opinión lo más importante es visibilizarla: activar proyectos sostenibles que se sustenten en sus bases y hacer esfuerzos en comunicarlos a la sociedad.

Por ejemplo, la plataforma de crowdfunding Goteo, cuyos proyectos siempre tienen una devolución al procomún -como comenté en la entrada anterior-. También, dentro de las empresas de gestión cultural, plantear una sección dedicada a la cultura libre, como en el caso del blog de cultura abierta de Zemos98.

De esta forma, al combatir un poco el miedo que provoca el desconocimiento de la viabilidad de estas alternativas, y democratizando los términos, las empresas y otras entidades de financiación estarían más abiertas a apoyar proyectos de cultura libre.

Hablando de dominio público y cultura libre. ¿Qué es el dominio público y por qué es importante protegerlo?

Definiciones -o más bien reflexiones- sobre qué es el dominio público hay muchísimas; yo normalmente suelo seguir la del publicdomainmanifesto donde, resumiendo, se define como:

“la riqueza de información que está libre de barreras de acceso o de reutilización usualmente asociada a la protección de la propiedad intelectual, ya sea porque está libre de cualquier protección de derechos o porque los titulares de derechos han decidido eliminar dichas barreras”

Es importante protegerlo, y mantenerlo saludable (cuidando  su contenido y haciéndolo crecer) porque es la base de nuestro propio conocimiento y cultura en común; es algo así como el material en bruto del que nosotrxs, a partir de nuestra experiencia, derivamos nuevas formas creativas.

¿Qué deberían hacer bibliotecas, museos y archivos para aportar a una cultura libre?

Estas “entidades” harían mucho por la cultura (libre) si destacaran un lugar accesible, reconocible para todxs  y conectado entre sí, en el que pudieran establecerse redes de contacto y colaboración entre quienes desarrollan procesos y proyectos culturales.

Ro Trejo.

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Políticas públicas para una cultura libre. Tema 2 #encirc14

Hace unos meses, solía pasar a menudo por la calle Trajano, situada en el centro-alameda de Sevilla (España) y al llegar a la altura de la antigua Sala X -clausurada y dejada al abandono en 2003-, siempre pienso “qué lastima de espacio desaprovechado”.

Así, al bucear en los materiales dirigidos a esta tarea, no puedo evitar recordar esas divagaciones que solía hacer sobre cómo aprovechar aquel espacio. De este modo, quiero centrar mi propuesta en base a

“La recuperación de espacios urbanos en los cuales los ciudadanos desarrollen proyectos culturales orientados a dar soluciones a problemas de comunidad”.

(cc) Rocío Lo

A principios de año, con la retirada del icónico cartel de “Sala X”, parecía cerrarse la idea de retomar la sala, sobretodo debido a los últimos cambios introducidos por el Ayuntamiento en el Plan General de Ordenación Urbana (PGOU) que calificaban como suelo de interés público y social (SIPS) la mayoría de cines y teatros del centro; ahora se consideran centro histórico con carácter genérico.

Esto lleva a pensar que si no se pone pronto en marcha un proyecto que sostengan un uso cultural estable del mismo, pasará a manos de inmobiliarias para unos residenciales o comerciales…

Desde mi punto de vista, un proyecto cultural que se defina en torno al marco de la cultura libre, y la igualdad y economía social sería no sólo interesante, si no que también cubriría varias necesidades de la ciudad, teniendo capacidad para ser rentable.

Mi propuesta abarcaría:

  • Construcción de locales de ensayo (contando con parte de la infraestructura de insonorización), tan escasos en la capital, en los que podría proponerse que todos los grupos tuvieran intereses relacionados con la cultura libre: que licenciaran sus trabajos con CC, que dieran conciertos abiertos, etc.
  • Proyección continua de películas CC (aprovechando la propia construcción de sala). Se podría utilizar el archivo de los Creative Commons Film Festival (en Sevilla se llevó a cabo la primera edición este mismo año) y también de páginas como Cercademi.
  • Organización de talleres-jornadas-charlas enmarcadas en torno a la cultura libre (aprovechando de nuevo sus características de sala), con el objetivo de visibilizar y acercar estas prácticas a la población.
  • Cesión de un espacio de exhibición de proyectos culturales ligados a la idiosincrasia de la cultura libre; por ejemplo para la generación de una biblioteca libre (siguiendo un poco la iniciativa malagueña Más Libros Libres), o para la realización de encuentros de creación libre como el #Nolaptopfest.

Evidentemente,  todo el espacio contaría con wifi para dar acceso público a internet a la comunidad y todas las actividades serían gratuitas o de coste simbólico dedicado al apoyo al espacio o a iniciativas que en él se mantengan.

me acuerdo alameda sevilla
(cc) Zemos98

En los últimos años, esta zona de Sevilla se ha ido vinculando cada vez más a la cultura, por su situación céntrica, por el movimiento universitario, y por los espacios y actividades al aire libre que han ido desarrollándose, entre otras cosas. Por ello, considero que no sería ninguna locura fomentar la inversión pública o privada en este espacio (especialmente por parte de las empresas vinculadas a la cultura de la zona centro). También podría proponerse la financiación del proyecto a través de la plataforma de crowdfunding Goteo (cuyos proyectos siempre tienen una devolución al procomún). Otra opción podría ser incluso ceder la gestión cultural a colectivos ciudadanos/asociaciones de vecinos.

Esperemos que finalmente la SALA X no caiga en manos del sector del ladrillo, y pase a ser un eje de coordenadas para  el movimiento de cultura libre de la ciudad.

 

Ro Trejo.

De tomates y formas de cultura.

#encirc14 ártica online curso arte en circulación cultura libre

Llevo varias horas sumergido en un mar de noticias sobre propiedad intelectual, derechos de autor, derecho a la cultura, leyes restrictivas, cultura libre, creación, creatividad… quería que para la primera tarea del #encirc14 el tema elegido fuera concreto pero también contundente.

No quería centrarme en una sentencia o una noticia delimitada, sino que intenté buscar algún tipo de artículo que me dejara ir un poco más allá, divagar y discernir sobre lo que es o no la cultura (libre o general).

Es por eso que he elegido este artículo del genial Hernán Casciari, “Una metáfora sobre la piratería”, que el autor argentino escribió en su sección ESPOILER de eldiario.es.

El artículo comienza con una recopilación de las típicas acusaciones de la industria sobre piratería (¡¡copiar es robar!!) para continuar con una mención a un artículo llamado “El botón mágico” que Javier Bardem, adalid de la industria y de la SGAE, escribió en ELPAIS. En dicho artículo Javier hablaba de una máquina de copiar tomates, de como no le gustaba la idea de copiar tomates, a lo que, como menciona igualmente Casciari en su artículo, David Bravo respondió con cierta sorna señalando a Bardem como ese pescadero que se cabrea con Jesús por multiplicar los panes y los peces.

Casciari continúa su artículo con una pequeña metáfora en la que habla de como una yogurtera casera revoluciona un barrio (porque todos sus habitantes tienen acceso a poder hacer yogur casero) y como la dueña del ultramarinos que vende yogur se pilla un cabreo de tres pares de narices, porque considera que le están robando su trabajo. La dependienta, según Casciari, pasa por diversos estados de duelo cuando las ventas caen:  niega, se cabrea, negocia, se deprime y, luego, termina aceptando que cualquiera en el barrio puede hacerse yogures pero que, en vez de quedarse parada y lamentándose, toma  parte en el asunto y mejora sus yogures para volver a atraer la atención de la gente hacia su negocio.

He elegido este artículo porque últimamente tengo en la cabeza que la cultura, las ideas, la creatividad… no son ‘objetos’ que se puedan encerrar en un tarro o en una ley, sino que son elementos líquidos que avanzan y retroceden por la interacción de quiénes las poseen. Es decir: le llevo dando muchas vueltas al concepto de derecho de autor, y de como una persona puede declararse (de manera beligerante) dueña de una idea.

Desde la industria, tal y como menciona Casciari, solo existe un discurso: lo que los productores de cultura hacen es legal, lo que hace el ciudadano medio, el pequeño autor o el consumidor, es piratería. No se aceptan más dogmas en los media, no se acepta otra forma de ver la cultura, porque esta forma de ver la cultura es LA ÚNICA que permite beneficios millonarios a los intermediarios de esa cultura. ESTA forma de hacer cultura es la VERDADERA, comentan desde sus púlpitos.

Para centrarme un poco en mi discurso, afirmaré lo que creo que, sin ser una verdad universal, es algo lógico: las ideas no provienen de toques divinos, no provienen de un rayo del cielo, las ideas que aparecen en nuestra cabeza cuando pintamos un cuadro, escribimos un poema o componemos una canción, son ideas que provienen de otras tantas ideas, de nuestras experiencias, de nuestra interacción con el entorno y con las cultura. Es decir, como menciona el documental Everything is a remix, las ideas se COPIAN, SE TRANSFORMAN Y SE COMBINAN para dar lugar a una nueva idea/concepto/invento. Una ‘nueva’ idea es una remezcla de varias ideas anteriores.

Así creo que funciona la cultura, así creo que funciona el procomún. Se trata de una aportación individual al ideario colectivo, que, con sus pruebas y errores, va enriqueciendo el tejido cultural época tras época. Y esto no elimina al autor, no hace que el autor no tenga importancia, porque la tiene, ya que es el filtro o el chispazo que hace que las ideas evolucionen.

Pero dentro del discurso de la industria, esta forma de creatividad, la de copiar, transformar y combinar, es ILEGAL. No se puede copiar, todo es original, pese a los flagrantes casos de plagio de la propia industria.

Esto, a mi parecer, conlleva un efecto negativo para toda la gente que no es considerada ‘artista’, que quizá solo sea consumidora de cultura y nunca se haya planteado ser productora. Es negativa porque elimina de facto la lógica fundamental de la cultura de imitar/copiar para avanzar y llegar a mejores conclusiones. Es negativa porque el consumidor medio no tiene acceso a ser prosumidor (productor y consumidor de cultura). Porque se le niega desde arriba la opción de crear tal y como crean los mismos engendros marketinianos de la industria, tal y como se crea desde siempre: basándose en, copiando, imitando.

Me explico: la industria funciona por datos de mercado. Yo tengo una visión muy crítica de la industria comercial de contenidos. Entiendo que no es cultura porque la cultura es más de corazón de que fórmulas de laboratorio. Los artistas que triunfan no lo hacen por la originalidad de sus canciones, sino precisamente por usar elementos que en el pasado ya han tenido éxito (y por supuesto por la inmensa fortaleza propagandística que les rodea). Lo que suena ahora como novedoso es una copia de una remezcla de algo que años atrás triunfaba. Es una combinación de elementos que ya obtuvieron éxito.

Pero desde la misma industria que combina elementos que triunfaron se nos dice que NO COPIEMOS. Que seamos ORIGINALES. Se pone un peso en nuestra espalda que, en ocasiones, puede generar una inacción al no poder responder a la pregunta de ¿cómo crear sin copiar?.

Esa inacción hace que el monopolio de la cultura siga recayendo en los mismos actores, comerciales y vendidos, que, a mi parecer, desvirtúan la cultura porque la tratan como simple producto.

Es por eso que creo que toda la propaganda de la industria de contenidos, que toda la beligerancia hacia sus propios consumidores en vistas a que no se conviertan en productores de cultural, que todos los lemas anti-copia, que todas las leyes restrictivas perjudican y casi eliminan el derecho a participar en la cultura.

Nos dejan maniatados para que podamos contemplar su espectáculo, sin darnos la oportunidad de crear el nuestro.

 Andrés Sánchez | Boigandreau